Por: Naye Velez

Don Cruz Sanchez Lopez, originario de Villa Aldama, Veracruz es uno de los millones de peregrinos devotos de la Virgen de Guadalupe que cada año hacen un largo viaje de días para llegar a agradecer los favores obtenidos por la «Morenita», escuchar misa en la Basílica de Guadalupe y bendecir  imágenes y santitos que llevaran de vuelta a sus hogares. 

Entre corredores, ciclistas, motociclistas y las mujeres encargadas de proveer y preparar los alimentos, la peregrinación «Cristo Rey» lleva varios años haciendo la dura travesía que tiene como destino el Cerro del Tepeyac, donde yace el templo de veneración y fe que alberga la imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de los mexicanos y a la que estos peregrinos atribuyen milagros e intervención en las dificultades y adversidad. 

Don Cruz comenta que fue la enfermedad de su hija la que puso a prueba su fe, así que cada 12 de diciembre, procura unirse al grupo nutrido de fieles que vienen desde tierras veracruzanas para agradecer que su hija haya recobrado la salud. 

Son días difíciles para profesar la devoción a la Madre de los Mexicanos, pues no todos comprenden lo que significa este sacrificio para los peregrinos. Hambre, frío, horas sin dormir, o el sol intenso quemando la piel, el cansancio y la sed, solo son una parte de ese ofrecimiento a la virgen, que significa el dolor que se está dispuesto a pasar y la recompensa al sentirse abrigado y protegido por el manto de la Morenita. 

Tlaxcala es paso obligado para estos peregrinos que atraviesan los municipios de Cuapiaxtla, Apizaco y Calpulalpan, donde suelen pernoctar antes de su llegada a la Basílica y al regreso, para reponer fuerzas para llegar a su lugar de origen. Los tlaxcaltecas, dice Don Cruz, son buenos anfitriones, gente pacífica en general, muchos de ellos nos dejan tomar agua o nos permiten hacer campamento en sus terrenos para comer o descansar, respetan nuestras creencias y nos ayudan cuando pueden. 

Pero en este largo camino también hay personas poco tolerantes, comenta el peregrino; «nos han llegado a agredir, a insultar, sobre todo los automovilistas que a cada rato nos «recuerdan a nuestras mamás» o incluso se han querido bajar de sus carros para golpearnos, pero nosotros los tiramos de locos». 

Finalmente, agotados, van de vuelta a sus comunidades, con la promesa de que el año próximo volverán a tomar camino para continuar agradeciendo a la Virgen de Guadalupe por todos los favores recibidos y por la protección para ellos y sus seres queridos. 

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