El primer templo de la Santa Muerte en Tlaxcala, cumplirá 16 años

Por: Nayeli Velez

Fundadora del primer templo de la Santísima Muerte en nuestro estado, reconoce que el culto a esta representación mística ha superado el miedo y el tabú y cada año reúne más devotos. 

La Santa Niña Blanca, reposa en un sencillo nicho, enfundada en un vestido color rosa con pequeñas flores en su cauda, joyas de fantasía y una tiara que corona su cráneo liso y blanquecino.

Veladoras, ramos frondosos de rosas, botellas de tequila, whisky, canastas de fruta, dulces, cigarros; rodean su altar a forma de ofrenda, o de agradecimiento por haber intercedido ante una petición que no cualquier santo puede resolver desde la fe de sus creyentes. 

Tlaxcala, un estado profundamente  católico, pareciera un sitio donde difícilmente podría aceptarse la veneración a “la flaquita”, sin embargo Doña Olga Aguilar ha logrado cimentar su fe en la Santísima Muerte en este pequeño templo, que cumple este 2 de noviembre 16 años de haber sido construido como resguardo a una creencia que representa un tabú entre la sociedad.

Originaria de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Doña Olga llegó a Tlaxcala después de casarse y aunque sentía simpatía y respeto por la figura de la Muerte, fue hasta que una enfermedad de carácter terminal le reveló el camino que tomaría su fe. 

” había estado muy enferma y los doctores me habían dicho que era cáncer, y que solo me quedaban 3 meses de vida, sentía mucha debilidad y cansancio, eso fue hace ya 35 años y mírame, aquí sigo, entera gracias a mi flaquita adorada… 

Estaba tomando el sol afuera de mi casa, ya solo esperando, y en un momento se me presentó ella, vestida toda de negro, yo le dije, flaquita, si ya es mi momento me pongo en tus manos, si ya vienes por mi… me pareció un sueño. Ya después me llevaron con una doctora muy jovencita a Teolocholco, ella me reviso y me dijo que no tenía cáncer, para mi fue una sorpresa, pues recobre mi salud gracias a mi flaquita”. 

En México, el culto a la Santa Muerte es comúnmente asociado a prácticas oscuras e incluso brujería; también se le atribuye su veneración a personas dedicadas a actividades ilícitas como el narco o el crimen organizado, pero Doña Olga considera que esto es solo un prejuicio de la gente que aún le teme a estas manifestaciones, pues para ella, la Muerte es guardiana y protectora, símbolo de paz y del trance que todos los seres humanos atravesamos a nuestra llegada y partida del mundo terrenal, y como bien lo expresa “todos vamos para allá, ¿por qué tenerle miedo?”

Es así que religiosamente, cada 2 de noviembre, Doña Olga y los devotos que cada vez son más, organizan un festejo masivo a La Santísima que incluye comida, una misa oficiada por un sacerdote católico y un baile donde todos los creyentes conviven y llevan a sus pies toda clase de obsequios y ofrendas, prometiéndole amor y entrega por los favores recibidos. 

“Fueron dos ocasiones en las que los doctores me diagnosticaron cáncer, pero yo me recupere y ya en ese entonces tenía una figurita chiquita de la Santa Muerte, entonces les dije a mis hijas que hiciéramos un nicho para tenerla, pero ese nicho poco a poco se convirtió en un lugar más grande y ya desde ahí la gente trae sus imágenes y cositas que le van dejando, hasta dinero, bebida, flores y velas”. 

Cuando abrió sus puertas hace 16 años, eran pocas las personas que se congregaban a las misas que se celebran los días 2 de cada mes, pero a últimas fechas, según relata Doña Olga, llegan personas de todos los municipios, llenando el pequeño santuario, algunos de ellos lo han hecho con el propósito de llevar la imagen y veneración de la “Niña Blanca” a sus hogares, construyendo altares y nichos en varios puntos del estado, hasta ahora los más reconocidos se encuentran en Apizaco, Tlaxcala, San Luis Teolocholco y Santa Ana Chiautempan. 

Los festejos a la Santa Muerte de Tlaxcala comenzarán el día 1 de noviembre con una procesión que partirá de la central de autobuses de la capital en punto de las 9 de la noche y continuará hasta Tepehitec, donde se ubica el templo, concluyendo el 2 de noviembre con una gran fiesta, donde los mariachis entonarán las mañanitas a la “Flaquita” y sus más fieles seguidores le rendirán culto con sus rezos, ofrendas y devoción, justamente el día en que los mexicanos abrazamos a la muerte, reímos, bailamos con ella y la aceptamos como lo más certero que poseemos en esta vida. 

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