La “Ley Bonilla” un tema controversial y polémico que ataca desde cualquier punto de vista la vida democrática de nuestro país. La revocación de mandato un fenómeno que está acompañado de una politización y un electorado bastante fijo en términos de estructura electoral, mismo que apoya sin cuestionar ni un segundo las decisiones del ejecutivo. Repentinamente fueron temas que quedaron en el olvido por lo vivido en Culiacán Sinaloa, y el intento fallido de la captura del hijo del “Chapo Guzmán”, Ovidio Guzmán alias «El Ratón». Actos de violencia que han existido en nuestro país y que han sido parte de la vida diaria de los mexicanos, sin embargo, el descaro y la acción antagónica se ha vuelto visible sin importar salir a la luz pública.
La capacidad y el poderío armamentístico con el que cuentan los carteles mexicanos son muestra de la fuerza militar, económica y hasta incluso de recurso humano con la que cuentan, una fuerza imperante que han logrado establecer en todo el país incluso en países que colindan con la frontera sur de México.
La inseguridad no ha parado, el cambio de la 4T se ha visto en términos políticos, sin embargo, no se logra materializar en la vida pública que como sociedad civil enfrentamos día con día, la inseguridad el principal problema que nos ha acompañado con la organización de grupos criminales, en donde la pobreza y la falta y acceso a la educación hacen posible capturar la vida de jóvenes que en busca de una salida pronta y por la dificultosa movilidad social en la que nos encontramos en México acceden a ganar dinero de una manera insana además de no institucionalizada de manera formal, lo cual ha sido tema de fractura social, reflejando los índices de criminalidad que en las calles enfrentamos.
Y por si fuera poco, la gran brecha de desconfianza hacia las instituciones públicas por parte de la ciudadanía cada vez es más grande, el abismo y el intento de entrelazar y acercar a los ciudadanos por parte de este gobierno nacional se ha visto degradado por la mala estrategia de seguridad implementada por el intento de captura del “Hijo del Chapo Guzmán”, un desacierto que ha tocado los encabezados de diarios nacionales e internacionales.
El intento de acercar a los ciudadanos y de romper esa barrera por parte de los funcionarios hacia la sociedad civil se ha vuelto complicada y ha dejado en claro que no todo se puede decidir a través de encuestas como el caso de la “Ley Bonilla”, que a pesar de ser inconstitucionales y a falta de formalidad, tratan de dar tintes de democracia participativa, dejando en claro que hay temas que deben quedar tras bastidores, que no pueden salir a consultas por falta de información y ambigüedad además de la repercusión trascendental que implica una toma de decisión pública.
Es importante dejar en claro que la sociedad civil no cuenta con la capacidad de tomar decisiones en toda la vida pública, la falta de consciencia puede llevarnos a escenarios catastróficos que pudiéramos arrepentirnos, sin embargo, esto no quiere decir que el avance hacia la democracia a través de instituciones formales y publicas siga avanzando y fortaleciendo al país. Porque no todo es separación de poderes, ni procesos electorales, porque si así fuera, siempre hemos sido un país democrático, ya que se ha contado con procesos electorales y separación de poderes, en términos al menos teóricos. Sin embargo, desde el año 2000 cuando Freedom House considero a nuestro país como democrático con la alternancia vivida en el ejecutivo, se dejó en claro con el transcurrir de los años que esa pinta o facha que se nos puso volvió a caerse, que aún no llegamos, que falta poco, que ya casi…, el problema es que, aun no hay cultura democrática, nos falta, y nos falta mucho, porque no todo queda en la urna y el voto, hay más, falta consciencia civil en la vida pública de nuestro país.
Roberto Ruíz
