Después de doce años de intentar reparar el retablo de la virgen de Guadalupe en la Parroquia de San Pablo del Monte, finalmente, este doce de diciembre, el alcalde de San Pablo del Monte, Cutberto Cano Coyotl, en coordinación de autoridades eclesiásticas concluyeron la rehabilitación del altar.

Con una inversión de un millón 197 mil pesos, 513 mil aportados por el INAH, 148 mil del ayuntamiento y 533 mil por fiscales, mayordomos, la admiración parroquial y pobladores de los diferentes barrios se logró concluir la restauración de la importante estructura.

En conferencia de prensa, el restaurador Javier López Guzmán, explicó que los trabajos comenzaron con la limpieza del retablo, para retirar 60 kilogramos de polvo acumulado a través de los años, así como la colocación de oro de 24 quilates en las zonas que por la degradación ya no contaban con este material.

Cabe señalar que en 2005 inició un primer intento de restauración, mismo que se vino abajo por diferentes cuestiones legales, por lo que fue hasta hace poco más de un año que inició formalmente el proyecto. 

Por su parte, los beneficiarios de la obra manifestaron la importancia de continuar con este tipo de acciones en el retablo de la virgen de la Soledad, debido a que se encuentra próxima la celebración de los 400 años de construcción de la Parroquia de San Pablo, por lo que pretenden que el patrimonio cultural se encuentre en mejores condiciones.

En este sentido, Cano Coyotl, manifestó sentirse honrado en poder contribuir con un “granito de arena” a este proyecto, por lo que sostuvo que mantendrá la dinámica de apoyar en la medida de lo posible en el rescate del arte sacro.

Los fiscales y mayordomos solicitaron recomendaciones para mantener en buenas condiciones esta obra, por lo que se dio a conocer que ya se preparan los manuales de conservación preventiva y mantenimiento, mismos que serán entregados la comunidad parroquial para que conozcan las medidas adecuadas.

También se realizará un registro sobre el reporte final de restauración, que se encuentra en la última supervisión por parte del INAH, pues cada altar requiere necesidades específicas, además de un inventario para permanezca pese a la sustitución de fiscales o mayordomos.

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