En la opinión de Javier Delgadillo

En México hemos rebasado los más de 50 mil muertos por Covid. En la opinión pública ha retumbado el llamado para que Gatell renuncie y para que el Gobierno federal replanteé la estrategia para disminuir los contagios. La violencia desacerbada, una crisis que no parece “V” como lo ha referido el presidente LopezObrador. Lo cierto es que ningún gobierno ha podido domar la pandemia. Los datos y la realidad no coinciden.
A raíz de lo que todos estamos viviendo, de la desarticulación de los problemas económicos, sociales, de educación y de seguridad provocados por la pandemia (dirán algunos), los gobiernos y la oposición se han quedado cortos en sus estrategias para poder salir lo más rápido posible del bache en el que se encuentran.
La realidad ha sido evadida, los gobiernos no han querido mirar hacia todo lo imperfecto, no han logrado entender que las crisis son oportunidades, no hay plan B, la oposición sin agenda, sin saber cómo aglutinar el enojo que el propio gobierno federal ha provocado.
Hay silencio, hay polarización. Los aspirantes, los políticos y los gobiernos no han podido tener la suficiente creatividad para posicionarse y ganar adeptos para el 21.
Quienes vayan a campaña el próximo año deberán entender que todos estos problemas y los nuevos escenarios de la realidad tendrán que estar en la agenda política y electoral, deberán construir una buena narrativa que integre lo que le angustia a la gente, para ello tiene que haber una interacción que aunque sea virtual, privilegie lo que la gente quiera decir y sea distinta a la que morena ofrezca.
Rubén Aguilar tiene razón al decir que si se quiere ganar, es momento de cambiar el discurso por la congruencia. Los aspirantes deberán ser impecables y deberán traer agenda o luchas sociales, tendrán que ser jóvenes, gente nueva que no sean los mismos viejos de antes, de ahí la urgencia de entender que la forma de hacer política y hacer campaña ha dado un giro de 360 grados. Urge entender que hoy los políticos viven y vivirán bajo el escrutinio público, bajo las nuevas reglas de la plaza virtual, de esa plaza que aglutina y que deja al descubierto las más bajas paciones del ser que vive indignado, harto de discursos y promesas que no mejoran su realidad.
Las campañas no serán las mismas. Retomarán otro rumbo, otro camino más humano, mas consiente.
